ANNA
Mis hormonas danzaban por todo mi cuerpo a una velocidad vertiginosa, inconscientes de las consecuencias que podrían acarrear. Dani se acercaba a mis labios, yo, deseosa de besarlos, decidí cortar por lo sano, me apoyé en su hombro mirando a su cuello…
-Déjame hacer las cosas bien- le susurre sin fuerzas.
-Vale- susurró de la misma forma.
Durante un rato nos quedamos en esa postura, yo apoyada en su hombro, una de mis manos le rodeaba la cintura, con la otra le acariciaba el pelo, él me tenía cogida de la cintura y apoyaba su cabeza en la mía.
-¿Y eso que me invitas a comer?- dije consiguiendo salir de mi ensimismamiento.
-Que pasa… ¿no puedo?- dijo riéndose
-Puedes, puedes, pero pensaba que hoy ibas a dormir todo el día.
-Pues que sepas que he hecho un sobresfuerzo para levantarme, pero ha valido la pena con tal de venir a verte y poder despedirte.
-No hacía falta todo esto Dani, con que me llamaras tengo suficiente.
-Estoy empezando a pensar que te incomoda mi visita…
-No, no, para nada- dije al instante- a ver… ¿qué has traído para comer?
-Ya, ya, ya… Ahora haz como te interesa- dijo alegre-
Mi tren salía a las cinco, y como todavía tenía que terminar de preparar las maletas fue una comida rapidita, me hubiera gustado que hubiese sido más extendida para la compañía que tenía pero no se podía pedir más, así que después de comer me ayudó a preparar maletas.
-Hija pero es que en el pueblo no tienes ropa…- dijo al ver la cantidad descomunal de ropa que había por mi habitación.
-Sí que tengo, pero es que estoy aprovechado y al mismo tiempo que hago la maleta estoy haciendo limpieza de verano, estoy guardando lo de invierno, me lo tengo que llevar todo porque hoy se me acaba el contrato.
-Madre mía, si con la mitad de ropa que tienes puedes abrir una tienda y te da para almacén y todo.
-No seas tonto, anda.
-Bueno entonces dime que quieres que meta en la maleta de verano y que quieres en la maleta en la invierno.
-Es fácil. Pantalón corto - cogí un pantalón corto- verano. – Dani asintió- Cuello vuelto – cogí una camiseta de cuello vuelto- invierno. –Asintió de nuevo- Chanclas, verano.
-Vale, entonces zapatillas de estar por casa invierno.
-¡No!- se las cogí de las manos- esto a la maleta, que para ir por casa me las pongo.
-Pero se te van a hervir lo pies.
-Se les hervirán a tu madre, yo siempre tengo los pies helados.
-¿Siempre?
-Siempre, tócalos.
-¿Ahora? Ahora no vale, vas descalza.
-Pues también es verdad… Pero yo siempre tengo los pies fríos.
-Y no te lo discuto- dijo zanjando el tema- oye y ¿cómo te piensas llevar todo esto?, ¿viene alguien a por ti?
-Ahora llamo un taxi.
-Mujer estando yo aquí, te llevo yo.
-Me sabe mal…
-Peor me sabe a mí dejarte sola con todo esto en un taxi, yo te llevo y te ayudo a subirlo al tren.
-Muchas gracias, eres un sol…- aproveché y le di un abrazo rodeándole la cintura y el me rodeó por los hombros- mi sol- dije ahora en un suspiro.
-¿Qué?
-Nada, nada.- dije separándome- Que vamos a terminar, que voy a perder el tren.
-Sí, será lo mejor.
DANI
A las cuatro salimos de su casa con cuatro maletas dirección a mi coche.
-Parece que nos vayamos de vacaciones juntos…- dije yo, y por mi tono de voz supo que ya estaba triste.
-Puedes venir a Mollet siempre que quieras- me dijo mirándome a los ojos. Sabía que lo decía de verdad.
-En cuanto menos te lo esperes estoy allí.
Metimos como pudimos todas las maletas al coche, tres en el maletero y una más pequeña en los asientos traseros. Una salimos para la estación Anna decidió poner música.
Cuando llegamos el tren ya estaba allí, con dos maletas cada uno entramos al tren como pudimos. Mientras yo subía las tres maletas más grandes a las lejas, Anna acomodaba la maleta más pequeña entre sus piernas en el asiento, cuando ya las había puesto me agaché a la altura de Anna.
-Bueno princesa, nos vemos al mes que viene, pásalo bien.- Le di un abrazo, al que respondió, y un beso en la mejilla.
-Tú también, te llamaré.- Dijo dándome un beso en la comisura de los labios.
-Esperaré tu llamada.
Salí del tren con los ojos encharcados en lágrimas y la miré por la ventana. Acto seguido me sonó el móvil. Era ella, miré el cristal y leí en sus labios “cógemelo”.
-¿Qué pasa?- hice un esfuerzo porque mi voz no sonara entre cortada.
-No llores- le miré la carita, estaba triste.
-No, no lloro.
-Te voy a echar mucho de menos Martínez.
-Yo también princesa.
-Te prometo un whatsapp, por lo menos, al día.
-Ok, los esperaré con impaciencia.
El tren comenzó a andar. Se hizo un silencio entre nosotros.
-Dani.
-Dime.
-Te quiero.- colgó.
Mis hormonas danzaban por todo mi cuerpo a una velocidad vertiginosa, inconscientes de las consecuencias que podrían acarrear. Dani se acercaba a mis labios, yo, deseosa de besarlos, decidí cortar por lo sano, me apoyé en su hombro mirando a su cuello…
-Déjame hacer las cosas bien- le susurre sin fuerzas.
-Vale- susurró de la misma forma.
Durante un rato nos quedamos en esa postura, yo apoyada en su hombro, una de mis manos le rodeaba la cintura, con la otra le acariciaba el pelo, él me tenía cogida de la cintura y apoyaba su cabeza en la mía.
-¿Y eso que me invitas a comer?- dije consiguiendo salir de mi ensimismamiento.
-Que pasa… ¿no puedo?- dijo riéndose
-Puedes, puedes, pero pensaba que hoy ibas a dormir todo el día.
-Pues que sepas que he hecho un sobresfuerzo para levantarme, pero ha valido la pena con tal de venir a verte y poder despedirte.
-No hacía falta todo esto Dani, con que me llamaras tengo suficiente.
-Estoy empezando a pensar que te incomoda mi visita…
-No, no, para nada- dije al instante- a ver… ¿qué has traído para comer?
-Ya, ya, ya… Ahora haz como te interesa- dijo alegre-
Mi tren salía a las cinco, y como todavía tenía que terminar de preparar las maletas fue una comida rapidita, me hubiera gustado que hubiese sido más extendida para la compañía que tenía pero no se podía pedir más, así que después de comer me ayudó a preparar maletas.
-Hija pero es que en el pueblo no tienes ropa…- dijo al ver la cantidad descomunal de ropa que había por mi habitación.
-Sí que tengo, pero es que estoy aprovechado y al mismo tiempo que hago la maleta estoy haciendo limpieza de verano, estoy guardando lo de invierno, me lo tengo que llevar todo porque hoy se me acaba el contrato.
-Madre mía, si con la mitad de ropa que tienes puedes abrir una tienda y te da para almacén y todo.
-No seas tonto, anda.
-Bueno entonces dime que quieres que meta en la maleta de verano y que quieres en la maleta en la invierno.
-Es fácil. Pantalón corto - cogí un pantalón corto- verano. – Dani asintió- Cuello vuelto – cogí una camiseta de cuello vuelto- invierno. –Asintió de nuevo- Chanclas, verano.
-Vale, entonces zapatillas de estar por casa invierno.
-¡No!- se las cogí de las manos- esto a la maleta, que para ir por casa me las pongo.
-Pero se te van a hervir lo pies.
-Se les hervirán a tu madre, yo siempre tengo los pies helados.
-¿Siempre?
-Siempre, tócalos.
-¿Ahora? Ahora no vale, vas descalza.
-Pues también es verdad… Pero yo siempre tengo los pies fríos.
-Y no te lo discuto- dijo zanjando el tema- oye y ¿cómo te piensas llevar todo esto?, ¿viene alguien a por ti?
-Ahora llamo un taxi.
-Mujer estando yo aquí, te llevo yo.
-Me sabe mal…
-Peor me sabe a mí dejarte sola con todo esto en un taxi, yo te llevo y te ayudo a subirlo al tren.
-Muchas gracias, eres un sol…- aproveché y le di un abrazo rodeándole la cintura y el me rodeó por los hombros- mi sol- dije ahora en un suspiro.
-¿Qué?
-Nada, nada.- dije separándome- Que vamos a terminar, que voy a perder el tren.
-Sí, será lo mejor.
DANI
A las cuatro salimos de su casa con cuatro maletas dirección a mi coche.
-Parece que nos vayamos de vacaciones juntos…- dije yo, y por mi tono de voz supo que ya estaba triste.
-Puedes venir a Mollet siempre que quieras- me dijo mirándome a los ojos. Sabía que lo decía de verdad.
-En cuanto menos te lo esperes estoy allí.
Metimos como pudimos todas las maletas al coche, tres en el maletero y una más pequeña en los asientos traseros. Una salimos para la estación Anna decidió poner música.
Cuando llegamos el tren ya estaba allí, con dos maletas cada uno entramos al tren como pudimos. Mientras yo subía las tres maletas más grandes a las lejas, Anna acomodaba la maleta más pequeña entre sus piernas en el asiento, cuando ya las había puesto me agaché a la altura de Anna.
-Bueno princesa, nos vemos al mes que viene, pásalo bien.- Le di un abrazo, al que respondió, y un beso en la mejilla.
-Tú también, te llamaré.- Dijo dándome un beso en la comisura de los labios.
-Esperaré tu llamada.
Salí del tren con los ojos encharcados en lágrimas y la miré por la ventana. Acto seguido me sonó el móvil. Era ella, miré el cristal y leí en sus labios “cógemelo”.
-¿Qué pasa?- hice un esfuerzo porque mi voz no sonara entre cortada.
-No llores- le miré la carita, estaba triste.
-No, no lloro.
-Te voy a echar mucho de menos Martínez.
-Yo también princesa.
-Te prometo un whatsapp, por lo menos, al día.
-Ok, los esperaré con impaciencia.
El tren comenzó a andar. Se hizo un silencio entre nosotros.
-Dani.
-Dime.
-Te quiero.- colgó.
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